Comprar productos de marcas caras no es sinónimo de alcanzar un estatus o estilo determinado, por el contrario, puede ser que tengas baja autoestima, advirtió la psicóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Mirna Ongay Valle.

La académica detalló que utilizar marcas costosas de renombre es la preferencia de algunos consumidores, a pesar que éstos carecen de ingresos suficientes; pero realmente lo necesitan, sería la pregunta, a lo que dijo que podría ser una acción que evoque baja autoestima.

Por lo regular, las marcas tienden a que con su estrategia de marketing convencen a la población de lograr la felicidad cuando adquieren su producto; además, que implantan en los consumidores la idea de quiénes son y a qué clase pertenecen, una forma de definir su identidad, aseguró.

“Nos hacen sentir que pertenecemos a cierto grupo social y que se usa algo casi exclusivo”, expresó.

De hecho, mencionó que las personas que gustan de adquirir estas marcas son, en su mayoría, jóvenes, ya que son más fáciles de influenciar, porque se encuentran en la búsqueda de su identidad y algunos presentan autoestima baja.

La especialista acotó que de acuerdo con un estudio realizado por la Asociación Latinoamericana de Facultades y Escuelas de Contaduría y Administración (ALAFEC) en 2012, quienes compran o usan ropa de marca, lo hacen porque es un tema de conversación entre amigos, los hace sentirse bien y elegantes, entre otros puntos.

Ante esta situación, la profesora universitaria subrayó que, hasta el momento, la sociedad no ha entendido que “la autoestima está en función de lo que tú eres y lo que sientes, de tus propios valores, es una cuestión interna y no externa”.

Recalcó que lo externo puede ayudar a sentirse bien pero no es fundamental, ya que lo que realmente importa es sentirse con un autoconcepto grande y fuerte, y que de alguna manera se proyecte a partir de lo que es la persona, con sus propias competencias y destrezas.

Es por ello, que Ongay Valle destacó que debe reafirmarse en los jóvenes quiénes son y fortalecer desde pequeños el verdadero valor de lo que son, no en función de dónde viven o las marcas que compran.

“Es un trabajo que empieza desde casa, en el núcleo familiar y en compañía de las instituciones educativas y religiosas”, enfatizó.

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