El debut del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, en un evento internacional, ocurrirá el 24 de este mes en Puerto Vallarta, donde se encontrará con varios mandatarios sudamericanos para participar en ese balneario en la cumbre de la Alianza del Pacífico y el Mercosur.

López Obrador, quien ya confirmó su asistencia a ese cónclave, tendrá la oportunidad de reunirse con los presidentes Michel Temer (Brasil), Juan Manuel Santos (Colombia), Sebastián Piñera (Chile), Martín Vizcarra (Perú) y Tabaré Vázquez (Uruguay), quienes ya han confirmado su participación en la cita.

Es probable que asista, además, el gobernante argentino Mauricio Macri, y también está invitado el presidente electo de Colombia, Iván Duque.

La cumbre Alianza del Pacífico-Mercosur será una oportunidad para que López Obrador comience a definir el tipo de relación que buscará con Latinoamérica y para que establezca los primeros contactos con los presidentes de la región que serán sus interlocutores en los próximos años.

Santos entregará el poder el mes entrante y Temer concluirá su periodo de gobierno en enero próximo, pero Piñera, Vizcarra, Macri, Duque y Tabaré Vázquez coincidirán con el mandato de López Obrador por mucho tiempo más y, por tanto, podrían ser sus aliados, más allá de las diferencias ideológicas, para desarrollar una política de mayor acercamiento a Latinoamérica.

Es sabido que uno de los propósitos del próximo presidente mexicano es rescatar la vocación latinoamericanista de México, que ha estado eclipsada desde hace 25 años, cuando se negoció y se puso en marcha el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá.

Y esta apuesta del futuro gobierno de mirar de nuevo al sur no sólo es por razones políticas y culturales sino, también, porque hay un consenso nacional respecto a la necesidad de diversificar los destinos de las exportaciones mexicanas para reducir la excesiva dependencia del mercado estadounidense, que compra el 80 por ciento de las ventas al exterior.

La asistencia de López Obrador a la cumbre de la Alianza del Pacífico y el Mercosur va, precisamente, en esa dirección. Ambos esquemas de integración tienen un énfasis comercial.

El primero, al que pertenecen Chile, Colombia, México y Perú, busca promover la articulación de esas cuatro economías para conquistar mercados asiáticos. El segundo, el Mercosur –integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—tiene como objetivo estimular el comercio interregional en Sudamérica.

Algunos gobiernos izquierdistas del área –Venezuela, Bolivia y, anteriormente, Argentina, Brasil y Ecuador— han observado a la Alianza del Pacífico como un esquema de integración incómodo que riñe, por su proyección y apertura comercial hacia las economías asiáticas, con el regionalismo sudamericanista.

Pero desde 2015, con la llegada al poder de gobiernos centroderechistas en Argentina y Brasil y el cambio de mando en Ecuador –donde el año pasado el izquierdista Rafael Correa fue sustituido en la Presidencia por el más centrista Lenín Moreno–, la Alianza del Pacífico y el Mercosur han reforzado el diálogo y buscan espacios de confluencia.

El izquierdista López Obrador se convertirá en presidente de México en un momento en el que el contexto regional está inclinado hacia la centroderecha, pero su asistencia a la cumbre Alianza del Pacífico-Mercosur estaría indicando lo que anticipan expertos en relaciones internacionales: que su aproximación a la región será más pragmática que ideológica.

Por encima de las diferencias ideológicas que pueda tener con presidentes de talante neoliberal, como Macri y Piñera, el futuro gobernante mexicano parece decidido a dar continuidad a los esquemas de integración comercial a los que pertenece su país y, al mismo tiempo, a impulsar una relación política mucho más estrecha con Latinoamérica.

Esto es algo muy parecido a lo que ha hecho Chile desde el retorno de la democracia, en 1990. Ese país ha tenido desde entonces gobiernos de centroizquierda y de centroderecha. Todos han seguido un modelo económico basado en la apertura económica y comercial pero cada uno de ellos ha dado diferentes énfasis a sus relaciones políticas con los países de la región, de acuerdo con sus afinidades ideológicas.

López Obrador ya ha adelantado que quiere relaciones “con todos” y que un principio fundamental de su política exterior será el de la no intervención en asuntos internos de otros países.

Esto supone que tendrá una relación respetuosa con Venezuela, cuyo régimen ha sido condenado por el gobierno de Enrique Peña Nieto en el marco del Grupo de Lima, y con Bolivia, que son los países de la izquierda bolivariana en la región.

Pero López Obrador ha dado muestras de que sus afinidades mayores no son con esa corriente política que en su momento fue liderada por el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, sino con la centroizquierda regional, que hoy representan los presidentes Tabaré Vázquez (Uruguay) y Lenín Moreno (Ecuador).

En agosto del año pasado, el hoy presidente electo de México hizo una discreta visita a Sudamérica que incluyó dos reuniones muy reveladoras de los “amarres” que le interesan en la región: una fue con el gobernante ecuatoriano Lenín Moreno y otra con la entonces presidenta de Chile, Michelle Bachelet.

En su encuentro con Bachelet, según relató después el político chileno que vivió muchos años de exilio en México, Gabriel Gaspar, quien estuvo presente, López Obrador expresó su admiración por el presidente socialista derrocado por el dictador Augusto Pinochet, Salvador Allende, y dijo que un gobierno suyo retomaría la Doctrina Estada (no intervención y respeto a la autoderminación de los pueblos).

Tanto en la reunión con Lenín Moreno como en la que sostuvo con Bachelet, López Obrador estuvo acompañado por su futuro jefe de gabinete, el empresario Alfonso Romo, quien tiene inversiones en Chile.

El canciller designado por el líder de Morena el jueves pasado, Marcelo Ebrard, quien también estará presente en la cumbre de la Alianza del Pacífico y el Mercosur en Puerto Vallarta, ya tiene una aproximación con Latinoamérica.

Cuando Ebrard fue jefe de gobierno de la Ciudad de México (2006-2012) construyó una relación con el entonces jefe de gobierno de Buenos Aires y hoy presidente de Argentina, el centroderechista Mauricio Macri, y con el izquierdista Gustavo Petro, cuando este fue alcalde de Bogotá.

 

Fuente: https://www.proceso.com.mx